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Al principio eramos dos: El gemelo perdido, por Catherine Hansen


Al principio eramos dos, un articulo sobre el gemelo perdido, por Catherine Hansen.


Todas las experiencias vividas en el vientre de nuestra madre crean un guión que luego recreamos a lo largo de la vida. Este guión guía nuestras elecciones, nuestros deseos y controla nuestros miedos y está profundamente enraizado en nuestro inconsciente, en nuestra mente, a la vez que es el filtro a través del cual vemos y vivimos el mundo y todo lo que hay en él.

Para muchas personas, según las estadísticas, 1 de cada 8, parte de esta historia vivida durante la gestación, es la memoria de haber venido acompañadas por uno o más de un gemelo.

A pesar de ser una de las memorias más antiguas, a la cual sólo podemos acceder en una  regresión o usando técnicas que van directas al inconsciente, es a la vez totalmente actual, debido a que la historia que vivimos en el vientre de nuestra madre, en este caso, una historia de amor y complicidad y luego de separación, dolor y miedo, está totalmente impresa en nuestro mundo emocional y afecta de forma directa nuestras relaciones y nuestra vida.

Esta memoria es como un sueño lejano, pero es una memoria basada en hechos reales. Es la huella de ese Otro u Otra que estuvo con nosotros, que nos acompañó durante un breve tiempo y que de pronto desapareció.
Esta huella del amor perdido deja un profundo vacío y tristeza en nuestro interior, que se mantienen vivos a través del tiempo. Sensaciones, que por ser tan profundas y tan antiguas, se viven como parte de la “normalidad” de uno, hasta que tomamos conciencia de ello.


Esta experiencia queda integrada en nuestra personalidad, en nuestra mente y se expresa de forma inevitable en nuestra vida, o bien en relaciones afectivas complicadas, o bien en una dificultad para realizarse en la vida.

Las relaciones se ven afectadas por la evitación constante de un acercamiento real y del compromiso, en el intento de evitar un nuevo dolor por la pérdida del otro. También se puede manifestar en una gran posesividad y celos, un gran apego y exigencia en relación al otro, que puede acabar con la relación.

Si además de tristeza y soledad, hay también sentimientos de culpa por no haber podido evitar el desastre de la desaparición del gemelo o gemelos, la persona no consigue coger su lugar en el mundo, realizarse, ser abundante y ser feliz. De alguna manera no se da derecho a la vida y se queda viviendo una vida a medias, como una forma de castigo o penitencia eternas.

Cuando se realiza el duelo que quedó pendiente y se hace un proceso de comprensión de la situación, liberando toda culpa y responsabilidad, la persona puede empezar a vivir sus relaciones afectivas desde un lugar más equilibrado, sin tanta dependencia y con más autoestima. El gemelo o gemelos pasan a formar parte íntima de la persona que sobrevivió y ya no lo busca afuera. La huella del gemelo perdido se transforma en una huella de amor incondicional que inspirará a la persona en su vida futura.






Por Catherine Hansen – Terapeuta de las Memorias Prenatales


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