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La adicción amorosa, Por Olga Rivas

Dime “cómo” te enamoras, y te diré qué te pasa a ti


Este escrito se puede dirigir tanto a hombres como mujeres, pero me voy a permitir dirigirme especialmente a las segundas, ya que tradicionalmente hemos sido nosotras las que hemos tenido que adoptar el rol de víctima, y no sin muchas razones objetivas para ello.
Pero, actualmente, millones de mujeres estamos en unas condiciones personales y sociales totalmente distintas, donde literalmente “podemos elegir” a quién amamos. De modo que si elegimos mal, sólo y exclusivamente nosotras somos responsables de ello.

Ya pasó el tiempo en el que ponemos todo el foco de atención en las culpas y problemas del otro (que los tiene) y llegó el de dar un pasito más en nuestra evolución y transformación silenciosa del mundo (del exterior, y del nuestro propio: el interior).
Llegó la época de sanar nuestro linaje femenino, romper cadenas (las nuestras en este caso, esas que NO QUEREMOS soltar) y hacer que los niños y niñas que van llegando a la vida se encuentren un entorno más auténtico.

Pasó también el tiempo de pretender cambiar al hombre que “decidimos” tener al lado, y recurrir a todo tipo de estrategias para que ese hombre, el real, se convierta en el que para nosotros es el “ideal”, a menudo involucrando de forma traumática a nuestros seres queridos. Y aquí entra en juego un término clave: la IDEA.

Aclaro que no es que tenga una connotación negativa tener claro cual es el hombre ideal para ti: tienes derecho a pretender que sea educado, fiel, trabajador…. Y pon cuantos calificativos desees. Pero el otro, llega hasta donde puede llegar, a veces hay posibilidad de cambio, otras: no. Y si el otro no tiene un nivel de consciencia como para pretender remover sus propios miedos, temores, bloqueos….etc., tú vas a tener que tomar una decisión sin forzar a la otra parte a lo que para él, en ese momento, es un imposible. De ahí que actualmente muchas mujeres dejemos -de hecho- a un hombre, amándolo. Amar es también saber soltar, aceptar “lo que no puede ser” porque hay una incompatibilidad existencial de base. Si pese a entender esto racionalmente, no logro separar mi camino de una relación dañina, hablamos de adicción amorosa. Y una adicción es un problema, no es “amor”.

Pero volvamos a “La idea”; ésa que tenemos de un hombre (o de una mujer, cada uno que lea el texto aplicándolo a su caso particular) esa idea, digo, está constituída por aquello que realmente nos haría feliz, es todo un conjunto de ilusiones y anhelos personales que portamos desde siempre, y que al conocer a un hombre, se nos va a disparar por dentro la certeza de que “ese” hombre cumple todas las expectativas de mi idea y llenará todos mis vacíos.
Si generalmente te enamoras así, desde “la falta”, es decir si te relacionas pensando que la otra parte te va a completar, si no te sientes ya completa por ti misma: va a ser un enamoramiento adictivo. No te culpes por nada de esto, simplemente ponte manos a la obra para tomar las riendas de tu destino y llegar a mejores puertos.

De modo que para que comience un enamoramiento equilibrado, primero hay que mirar dentro de una misma y sanar todas las heridas, elaborar los vacíos, sacar lo que nos dañó…. Es sólo ahí donde podemos mirar al otro con REALISMO, no con IDEALISMO. Entonces vamos a ver que el otro tiene equis características (buenas y/o malas) pero no vamos a hipotecar nuestra vida en culparlo o pretender cambiarlo, sino que entendiendo y empatizando profundamente con su propia problemática, la del otro, vamos no obstante a calibrar las posibilidades de que eso prospere, o bien vamos a ver claramente que hay que separar nuestras vidas, por mucho que duela.

Las mujeres (y los hombres) tenemos que empezar a salir de la dependencia emocional, sin anestesia. Porque si no lo hacemos, y nos enrolamos en una relación con una pareja de rasgos agresivos, o con un perfil de don juan, o parejas narcisistas… le abrimos la puerta a una dinámica pseudo-amorosa que nos va a traer todo tipo de males. Pero como bien digo: le abrimos la puerta. Es decir: somos responsables, no víctimas. Cuando amamos y somos amados, ni dañamos ni nos hacen daño de forma sistemática. Si elijo otra cosa, he de preguntarme qué me pasa “a mí”.

Esto es sólo un breve comentario sobre un artículo de mi autoría publicado en INFONOVA, una revista científica sobre adicciones a sustancias, y donde para mi sorpresa me aceptaron un escrito sobre la adicción amorosa. Sorpresa, porque indica que vamos tomando consciencia; ningún especialista negaría hoy que todo vacío personal se llena con algo a lo que me hago adicto, es decir, me ha sacado de mi centro y dependo de ello; puede ser una droga, un proyecto, ludopatías, un amor… El mismo problema de fondo, que adopta múltiples formas. Sanar el vacío, hablar y ser escuchada, darle forma a tu inconsciente a través de la palabra consciente, crear un espacio para ti y tu sanación, se convierte en una necesidad imperiosa en el camino hacia la propia felicidad.
Link al artículo, si se desea leer completo. 


Un abrazo,
Olga.


 Olga Rivas
 Consultora psicológica.
 cursospsiorc@gmail.com
 ayuda-psicoemocional.webnode.es
 facebook.com/orivcor




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