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LIBÉRATE DE LAS EMOCIONES ATRAPADAS, por Ramon Guàrdia


¿Alguna vez has sentido que hay algo en tu interior que te impide acercarte a tu objetivo? ¿Algo que te impide avanzar o vivir la vida que tú quieres vivir?

Hoy te presento una reflexión sobre esta situación y una posible solución para que puedas mejorar tu vida.

A lo largo del día interactuamos con el mundo que nos rodea y con nuestro propio mundo interior. Fruto de esta interacción, vamos sintiendo emociones que, en ocasiones, ni registramos conscientemente pero que dejan huella en nuestro interior y permanecen almacenadas en lo más profundo de nuestro ser a la espera del momento preciso en que puedan volver a mostrarse. De este modo, inconscientemente, estas emociones van retornando sin que seamos conscientes de ello o de la intención positiva que se esconde tras ellas. Sí, tras ellas se esconde una intención positiva porque nuestro instinto de supervivencia es tan grande y tan fuerte que nuestro ser se encarga de protegernos sin que sea necesario que tomemos conciencia de ello.

Desgraciadamente, estas emociones tienen la capacidad de seguir en nosotros y de repetir su presencia aún cuando ya no son necesarias, quedando atrapadas y dificultando nuestro avance. Es curioso como se pueden manifestar y la diversidad de situaciones que las pueden haber generado inicialmente.

Para ilustrar la idea que te estoy planteando te hablaré de Martín, un hombre de 45 años que quería perder peso y no lo lograba. Martín decidió que iba a hacer las cosas bien y se iba a entregar en cuerpo y alma a su objetivo porque veía que estaba engordando mucho y no se sentía bien consigo mismo, se sentía pesado, notaba que le costaba más moverse, estaba perdiendo el apetito sexual y le preocupaba su salud futura. Decidido, se marcó como meta perder 25 quilos y quedarse alrededor de los 90 quilos, un buen peso para su estatura y corpulencia. Volvió a ir regularmente al gimnasio e inició una terapia que le ayudaba a comer menos, comer mejor y mejorar sus hábitos alimenticios con el fin de interiorizarlos para evitar el temido efecto rebote. En las primeras semanas todo fue muy bien y, paulatinamente, se fue encontrando mejor y perdiendo peso hasta que se estancó en los 104 quilos. Llegado a este punto, le era imposible avanzar y sentía que había algo que se lo impedía: el miedo. Martín salía algún fin de semana con su pareja a algún pub de su ciudad, presenció un atraco a un chico en plena calle y le entró miedo de que les pudiera pasar a ellos lo mismo. La emoción quedó atrapada y con la intención positiva de protegerle, asoció gran tamaño con seguridad, por eso no se permitía perder el peso que el quería, para evitar el miedo. Martín se liberó de esa emoción, entendió que ya no era necesaria a nivel inconsciente y pudo lograr su objetivo.

Como hemos visto, la emoción atrapada, generalmente, conlleva una intención positiva que, en algún momento, deja de sernos útil y nos genera una limitación, nos impide avanzar o nos produce un malestar, como le sucedió a Toni. Este chico vivió una situación completamente distinta a la de Martín, una situación que no conllevaba ningún riesgo ni ninguna posible amenaza hacia su integridad física. La situación, la emoción, la forma de manifestarse y el modo de deshacerse de ella fueron distintos.

En el caso de Toni, la emoción fue la vergüenza que quedó atrapada en él un día que fumaba tranquilamente con una amigo a la salida del instituto. Durante la charla, algo llamó la atención de Toni, que dirigió su mirada hacia los genitales de su amigo y éste se percató de esa mirada y le preguntó el motivo de ella. Inmeditamente y sin saber el porqué, se sintió avergonzado y no le miró a la cara mientras le respondía con una evasiva, tiraba el cigarro y se despedía con prisas. En esa época, Toni era un chico heterosexual y considerado uno de los chicos malos del instituto que se avergonzó por algo fortuito, que debía quedar en una mera anécdota. En lugar de eso, Toni se vió incapaz de mirar a la gente a la cara mientras hablaba con ellas y fue retrayéndose al contacto con la gente. Unos años más tarde, Toni decidió poner remedio a esa situación y logró llegar a identificar la emoción atrapada, llegó a sentir que evitaba mirar a la gente para evitar conectar con la vergüenza que sintió aquel día y se liberó, llegando a derramar alguna lágrima al darse cuenta de que hablaba con naturalidad después de tantos años y de que sus relaciones interpersonales eran mucho más fluidas y más gratificantes.

El hecho de incluir la historia de Toni viene motivado por el deseo de tratar de advertir que las emociones atrapadas no siempre son fruto de situaciones peligrosas, al contrario, pueden ser situaciones cotidianas o meros instantes que pasan desapercibidos a todo el mundo, excepto a alguien, que siente algo que se aloja en su inconsciente.

Me gustaría plantearte la historia de Enric, un chico alegre al que la vida le ha tratado de maravilla y que un día decidió formarse como técnico de ambulancias. Tras matricularse en un centro de formación adecuado empezó a estudiar con la máxima ilusión y con el deseo de poder ayudar a las personas. Mantuvo una gran actitud hasta que empezó las prácticas y se encontró ante una herida sangrante y sintió como le temblaban las manos y se mareaba. Esta escena se repitió y su futuro se tiñó de gris ante la idea de ser incapaz de aquello que le hacía ser feliz. Enric ahondó en su interior y descubrió que la emoción atrapada que le impedía avanzar era el pánico que sintió de pequeño cuando se golpeó en la cabeza y sangró abundantemente. Gracias a esta identificación y a su trabajo personal, entendió que todo aquello formaba parte de un pasado que el ya había superado y pudo desprenderse de esa emoción. Hoy día, Enric trabaja como técnico de ambulancias disfrutando día a día de poder ayudar y de ser libre para ejercer su profesión.

Evidentemente, podría pasar horas y horas describiendo personas marcadas por emociones atrapadas, pero es el momento de facilitarte algunas pautas para poder identificar si hay alguna en tu interior y poder liberarte de ella. Resumidamente:

Obsérvate. Sin prisa. Permítete sentir si hay algo en ti que te impide realizarte, que te impide avanzar.
Relájate. Acomódate y respira profundamente mientras permites que tu cuerpo y tu mente se relajen. De este modo podrás acceder más fácilmente a tu mundo interior.
Siente tu bloqueo. Descubre el problema. Sé sincero/a contigo y siente la emoción atrapada que hay tras él.
Agradece. La emoción atrapada te ha hecho un servicio en algún momento y debes agradecérselo antes de desprenderte de ella.
Libérate. Siente que has superado el pasado y no es necesaria la protección que te brindaba aquella emoción. Ahora tienes más recursos y puedes avanzar.

Para finalizar, recuerda, en todo lo que nos ocurre existe una parte positiva, en ocasiones, la posibilidad de entrar en nuestro interior y liberarnos de aquello que ya no nos sirve.


Ramon Guàrdia de Espai Hipnòtic
Hipnosis, regresiones, flores de Bach, quiromasaje y reiki

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