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“Lo que siembres recogerás”: Sanar relaciones kármicas con Regresiones, por Elena Goretti




El karma y las relaciones kármicas son conceptos que, seguro, alguna vez os habéis planteado en qué consisten…


Como ya os dije en mi artículo “Todo tiene su porqué”, al karma yo prefiero llamarle aprendizaje del alma y es que el “temido karma” no es otra cosa que una Ley de Compensación o Ley de Causa y Efecto, a través de la cual aprendemos de nuestras acciones y de sus consecuencias.

Hacia el 2.200 a.C., en el antiguo Egipto, Hermes Trismegisto ya hablaba de la Ley de Causa y Efecto. Hermes fue considerado el Padre de la Sabiduría, fundador de la Astrología y descubridor de la Alquimia y sus enseñanzas nos llegaron con el libro “El Kybalion”, escrito por sus discípulos.

Hermes decía que hay 7 Principios que rigen el Universo y el sexto es el Principio de Causa y Efecto: “Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con la Ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a una ley no conocida.”

Según este principio, si con nuestras palabras y acciones pretendemos perjudicar a alguien, ese perjuicio nos será devuelto, en algún momento de nuestra vida, para que aprendamos la lección. Entonces, cuando hacemos o decimos algo y sabemos que eso va a dañar a otra persona generamos karma, pues hay una intención de hacerlo. ¡¡¡Así es nuestro libre albedrío!!!

Nuestra palabra o acción intencionada puede afectar negativamente a otra persona, pero no hay karma si no hay intención. Eso es importante recalcarlo, las situaciones en las que nos vemos implicados y en las que podemos perjudicar a alguien sin pretenderlo no generan karma.

Es necesario tener esto claro para no entrar en esta especie de “psicosis kármica” que está tan de moda y que hace responsable al karma de todos nuestros problemas. Esto no funciona así señor@s… La mayoría de problemas cotidianos que tenemos no son fruto de la mala suerte ni del karma, nos los creamos nosotr@s mism@s como consecuencia de nuestras decisiones erróneas, seamos sinceros y asumamos nuestra responsabilidad con honestidad.

De lo que aquí estamos hablando es de un acto intencionado con repercusiones dañinas para otra persona y de la consecuencia kármica que eso conlleva, la cual pretende llegar a comprender por lo que hemos hecho pasar a esa persona y lo que le hemos hecho sentir.

Y de eso trata, de pasar nosotr@s por la misma situación que hicimos pasar a la otra persona, ya que la mejor manera que tenemos de comprenderlo es colocándonos en su lugar, no hay otra.

“Lo que siembres recogerás”, ese el gran aprendizaje de nuestra alma que tan bien nos resume este antiguo dicho popular… Así pues, nuestra alma toma la decisión de experimentar ese karma con la finalidad de aprender la lección para evolucionar, trascendiéndolo y no repitiéndolo más.

Lo positivo de todo esto es que, cuando tenemos un nivel elevado de consciencia, ya no nos hace falta aprender a través del karma, ya que somos capaces de actuar desde el amor verdadero, el que está libre de cargas y es incondicional.

Mientras estemos en el camino hacia la elevación de nuestra consciencia, nos encontraremos con situaciones y relaciones kármicas para resolver nuestros aprendizajes pendientes.


¿Podemos identificar las relaciones kármicas?

Por supuesto que sí, las relaciones kármicas tienen unas características muy especiales.

Quiero recordaros que en “Todo tiene su porqué” os hablé de que en el anteproyecto de vida pactamos con otras almas afines lo que vendremos a trabajar y/o aprender. Por este motivo, muchas relaciones kármicas se producen en el seno de nuestro entorno familiar: abuel@s, padres, tí@s, herman@s, hij@s, sobrin@s...

Estas almas afines pertenecen a nuestra Familia de almas pues, a nivel álmico, trabajamos en grupo y en muchas de nuestras vidas nos encontramos las mismas almas, interpretando diversos roles, para experimentar los aprendizajes pactados.

También nos encontramos con ellas en nuestro entorno de relaciones: parejas, amistades, conocid@s... En este caso, no se trata de la familia de sangre, la cual “aparentemente” no hemos escogido, sino de personas que se cruzan en nuestro camino con un cometido muy específico.

Evidentemente, no estamos hablando de todas las relaciones, sólo de las que tienen una finalidad kármica o de aprendizaje. Os voy a dar unas pistas para poder reconocerlas...

Primera pista: Cuando conocemos por primera vez a esa persona, tenemos la sensación de familiaridad, como de que ya nos conocemos de antes. Eso ocurre porque se produce un reconocimiento a nivel de alma, ya que forma parte de nuestra Familia de almas.

Segunda pista: Los sentimientos que nos evoca esa persona son muy profundos, no se entienden racionalmente, desde la mente, pues sentimos una fuerte conexión con ella que va más allá de lo comprensible o racional.

L@s que, como yo misma, nos hemos encontrado con ellas, estaréis de acuerdo conmigo en que sus características son inconfundibles…


¿Cómo nos pueden ayudar las Regresiones a sanar las relaciones kármicas?

El motivo del reencuentro con esa alma es la resolución de un conflicto generado en otra vida, dándose en esta vida actual la posibilidad de sanarlo.

Para empezar, el trabajo que se hace con las Regresiones es el de ir a rescatar la información sobre las experiencias vividas con esa alma. Casi siempre se trata de situaciones que conllevan un gran aprendizaje, por lo que acostumbran a ser experiencias complicadas y dolorosas.

Los aprendizajes suelen estar relacionados con el abandono, la traición, la decepción, la manipulación, el apego, el dolor, la culpa, el miedo, el perdón…

Además, esas experiencias se han repetido en más de una vida, encontrándonos cumpliendo indistintamente roles de “víctima” y/o “agresor” con esa alma. Y es que, frecuentemente, necesitamos tropezar con la misma piedra más de una vez para conseguir aprender de nuestros errores y no repetirlos.

Toda esta información se trabaja, no sólo desde la vivencia del “personaje”, el que cumple un rol, sino también desde la desidentificación del mismo, sólo a nivel de alma. Esto se hace llevando a la persona a lo que se llama “espacio entre vidas”, que es adonde vamos cuando se produce la muerte física y no estamos encarnados. En ese espacio, la experiencia es muy gratificante, pues no hay juicio, no hay dualidad, y la persona puede experimentar lo que se siente como alma, cuando no estamos en el ego…

Esta experiencia nos ayuda a tener una mayor comprensión del porqué de esa relación, a tener una perspectiva de ella que está por encima de los “personajes” que encarnamos, que está por encima de los egos. Tod@s nosotr@s nos hemos colocado en muchas vidas, tanto en el rol de “víctima” como en el de “agresor”, así que, como no hay juicio, tampoco debe haber culpa.

Es entonces, desde esa comprensión efectuada desde el alma, cuando ya se puede resolver el conflicto, una vivencia en la que se trasciende la culpa y se produce el perdón, ya sea hacia la otra persona o hacia nosotr@s mism@s. Todo ello nos permite salir de esa rueda kármica en la que estábamos “enganchados” y nos lleva a la sanación completa de esa relación.

Desde mi experiencia, la sanación de las relaciones kármicas nos ofrece la oportunidad de tener un gran aprendizaje y, lo más importante, de liberarnos de mucho dolor, culpa y miedo a través del perdón y del amor. Y no hay mejor camino hacia la libertad que irse liberando de todas esas cargas.


Y por hoy ya es suficiente, me despido de vosotr@s recordándoos que seáis libres, que toméis vuestras decisiones con libre albedrío sin coartar la libertad de los demás, que lo hagáis desde el amor más puro y sin condiciones, ¡¡¡pues ahí está la verdadera libertad!!!




Elena Goretti
Terapeuta de Regresiones,
Reiki tibetano y japonés,
Sintonización arquetípica,
Canalización Sibyl y
Asesoramiento a través del Tarot

tlf/wsp: 670.40.63.57
egmetaute@gmail.com





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